Prólogo Mar Romera

 

“La educación es un acto de amor,
por tanto, un acto de valor”
(Paulo Freire)

Hay días en los que suceden cosas increíbles, no previstas, llenas de secretos y magia. Días en los que el azar, la casualidad o la planta de lo sembrado en momentos ya olvidados da frutos. Hay días, como el que Patricia me narró a través de la distancia del teléfono y la cercanía del amor la ilusión por hacer de un sueño personal un proyecto colectivo para que nuestro mundo sea mañana un poquito mejor.

Su discurso apasionado estaba lleno de ciencia, de esperanza… de trascendencia. Me regalaba un GRAN PROYECTO, y me pedía ser cómplice ¡qué privilegio!

Y después de flirtear con Patricia a través de los renglones de esta obra me dejo llevar por el atrevimiento para escribir el pórtico (algunos lo llaman prólogo) de una construcción ambiciosa, clarividente y creo que como las grandes catedrales “sin terminar”.

Se trata de una construcción creativa, multisensorial y multidisciplinar; orientada hacia el amanecer de una sociedad más compasiva, generosa y amable, por tanto una sociedad que me gustaría como escenario para el desarrollo de la obra de vida de mis nietos.
Pero, como las buenas construcciones está sin terminar, sus tabiques son móviles, se ajustan a las necesidades de cada persona dispuesta a cuestionarse, a aprender, a evolucionar y formar parte activa de su propio viaje; un viaje que como seres únicos en este planeta y como sapiens- spaiens no podemos hacer de forma individual, necesitamos hacerlo en tribu, en FAMILIA, sintiendo la pertenencia como el bastidor que nos permite bordar la composición multicolor de nuestra vida.

Patricia no nos diseña el dibujo, ella desde el respeto y el amor nos muestra múltiples opciones sin dar respuestas cerradas que nos ofrecen una gran cantidad de hilos de colores con los que podremos tejer el tapiz de la convivencia en el alma de cada familia.

Lo primero, la bondad;
lo segundo, el talento.
Y aquí termina el cuento.
(Gloria Fuertes)

Podemos cambiar el mundo en función de cómo eduquemos a nuestra infancia. Esto me da la fuerza cada día para salir a la calle después de escuchar las noticias de la mañana. Y esto no va de aprender a cerca de las cosas, esto va de hacer cosas. Estos renglones te dan la oportunidad de HACER para SER; ser tú como persona adulta y referente de pequeños y hacer que niños y niñas construyan su SER haciendo.

“No se construye una sociedad democrática con mediocres, sino con excelentes”
(Adela Cortina)

Si tuviera que elegir un único aprendizaje para mis hijas, sin lugar a dudas elegiría que aprendieran a fracasar.
Desde pequeños nos enseñan para que acertemos, para que aprobemos, para que saquemos mejores notas, para ganemos, para que lo consigamos… y resulta que la vida no es lo que nos gustaría que fuese, es lo que es; pienso que ni siquiera es justa, por mucho que algunas personas se empeñen en hablar del karma. Lo que realmente marca la diferencia es la forma en la que cada persona tiene de bailar con su propia vida.
Interpretar de forma correcta y adecuada el ritmo del baile depende de los recursos de nuestra mochila, del entrenamiento y el uso que hagamos de ellos y con ellos.

El material que tienes entre las manos es una maravilla para la mochila.
Pero, ¿Cómo aprender a fracasar?; y sobre todo ¿cómo enseñarlo y practicarlo con nuestros hijos e hijas?

No hay recetas cerradas, hay ingredientes básicos que permiten mil combinaciones para cada caso. Estos ingredientes son LOS VALORES. Los valores pueden convertir el fracaso en éxito. Estaré orgullosa de mí misma, aunque no del resultado.
Esta opción de vida no es ni fácil, ni rápida ni cómoda. Es una opción lenta, trascendente y compleja. Es una opción de vida que nos reportará pocos likes inmediatos. Es una forma de vida que nos aconseja elegir carretera de montaña frente a autopista. La carretera de montaña nos hace ralentizar el viaje a la vez que nos permite disfrutar del paisaje, de cada cambio de luz y de cada diferencia; de cada escondite y cada árbol. Se trata de elegir cámara de fotos con carrete; para pensar bien el encuadre de cada exposición y saber que la foto final tardará en llegar a nuestras manos con la incertidumbre de si habremos enfocado de forma correcta. Aprendemos a esperar.

Elige el juego infinito frente al juego finito porque el objetivo no es ganar-ganar, el objetivo es jugar, donde a veces ganamos y a veces perdemos y como dije antes estaré orgulloso de mi y no del resultado. Elige escuchar más que hablar, elige tocar antes que el on de una pantalla, elige saborear los momentos antes que devorar los días. Elige el camino antes que el destino, el segundo puede cambiar y el camino es lo que construye la vida.
Todo esto solo es posible en FAMILIA.

El mejor hogar no es el más caro, ni el que se ubica en una mansión más grande, no es el más lujoso sino en el que más cariño y respeto hay entre sus miembros. Ese es el lugar donde las personas se quieren por quienes son y no por lo que hacen.
La familia es ese espacio de vida en el que siempre hay espacio para ti. La magia de la familia hace que pase lo que pase la estructura del amor y los cimientos construidos sobre valores sólidos permitan que las inclemencias y las circunstancias sólo sean eso circunstancias. No se pueden elegir determinadas circunstancias, pero somos responsables y dueñas de la reacción ante ellas y de cómo dejamos que nos afecten.

La familia y su lugar de vida sólo tienen sentido y significado si escriben su historia entre la unión y la lealtad.
Cuando estamos en familia el reloj deja de medir el tiempo de forma convencional. Cuando falta alguien el tiempo no pasa, cuando estamos todos, el reloj va demasiado deprisa.

Si existiera un gran supermercado de hijas, con miles de ellas expuestas para ser elegidas y compradas yo no tendría ni una pequeña duda, elegiría siempre las dos que ya tengo.
No es lo qué haces, es cómo, porqué y para qué lo haces.

Y claro, todo esto tiene sentido y es posible si tienes en cuenta que eres su referente, su persona mayor, el espejo en el que se mira cada día y la persona la que admira y que por tanto esto no va de decir lo que otros deben hacer y si de hacerlo para que ellos y ellas te aprendan. No aprenden lo que les enseñamos o les contamos, nos aprenden a nosotros.

Creo que esta no es una guía para educar a los más pequeños de la casa, creo que se trata de un “libro abierto” para aprender juntos.
Gracias Patricia por el regalo, por la oportunidad, por el diseño de un itinerario abierto de vida. Recuerda siempre que esto es sólo un inicio.

Mar Romera

 

“Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.
Miguel de Cervantes